Historia de tu móvil: registro visual

HISTORIA DE TU MÓVIL

Hace tiempo que llevo abordando en Eso y Bachillerato el impacto de las nuevas tecnologías en su vida cotidiana, especialmente las redes sociales y el móvil. Y qué mejor manera de reflexionar acerca de ello que a través de lo visual.

A través de diferentes actividades de aula fui conociendo algunas de características del uso cotidiano que hacen del móvil y decidí elaborar un mapa visual que sirviera de guía auto reflexiva, siguiendo su uso durante un día normal (no fin de semana). Este es el primer boceto que hice:

Diario de mi móvil (mini)

Hace poco decidí mejorarlo y ampliar algunos items de observación, como podéis ver en la primera imagen de este artículo, y extraer los diferentes elementos del mapa en una presentación para guiarles en cada paso desde la pizarra digital. Igualmente, añadí en la presentación tablas para que el docente vuelque las estadísticas y después reflexionar acerca de ellas y sus posibles soluciones entre los docentes y con las familias.

Mapa visual en Jpeg

Presentación en Google

Presentación en Pdf

En la Eso, a este recurso estoy añadiendo otros como la elaboración por parte de los alumnos de su propio timeline visual del uso del móvil a modo de feedback reflexivo. Además, sumamos horas de uso y planteamos timeline alternativos, introduciendo un pequeño cambio de hábito.

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En el aula de Psicología de Bachillerato van a elaborar un estudio estadístico más complejo y analizar los hábitos detectados.

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Aprendiendo a desaprender: taller de pensamiento visual en el CPR de Hoyos

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Esta semana tuve la suerte de dirigir un taller de pensamiento visual con docentes de la Sierra de Gata, en el CPR de Hoyos, un pueblo increíble que he descubierto por primera vez gracias a que Victoria, su asesora, confiara en mí para participar de este encuentro de aprendizaje mutuo.

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Tras un breve apunte sobre qué es el pensamiento visual, empezamos a perder el miedo a garabatear presentando visualmente al compañero/a y compartiendo emociones de la experiencia.

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Perdido el miedo inicial, nos metimos en faena: creamos un vocabulario visual. ¿De qué tema? Productos de un supermercado que después seleccionaríamos para crear una receta de cocina visual en pequeños grupos. En este mismo blog compartí una experiencia de aula de Visual Cooking. Los vocabularios visuales pueden ser no solo una forma de perder el miedo a garabatear y entrenarse poco a poco, sino también como herramienta didáctica para discriminar y expresar los conceptos clave de un contenido que después se expondrán y compartirán a través de mapas visuales ludificados. Se pueden utilizar para determinar conocimientos previos, delimitar conceptos principales de un tema, hacer feedback de lo aprendido y compartirlo.

Terminado el vocabulario visual de nuestro reto, toca seleccionar aquellos iconos garabateados en nuestro supermercado creativo, aquellos que sirvan a cada grupo para crear la receta que van a ilustrar visualmente y de forma dramatizada al resto de compañeros. Una vez seleccionados, planificamos nuestra receta en sencillos pasos.

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Una vez determinados los elementos visuales a partir de los conceptos clave de nuestro contenido de aula, toca organizar esos contenidos de forma lógica, secuenciada, procesual… de tal forma que al observarlos tengan sentido y dirección. A través de este reto de Visual Cooking, ejemplificamos cómo funciona una estrategia de pensamiento visual, a través de garabatos sencillos y comprensibles para todos y conectivas lógicas que aporten significatividad y unidad al conjunto de elementos de lo que será nuestro mapa visual.

Estas conectivas de Visual Cooking requieren garabatear los utensilios que se utilizarán para crear la receta, así como también dosis, tiempos y acciones (calentar, cocer, cortar, pochar, saltear…) Una vez garabateadas, toca integrarlas en lo que será un mapa visual dinámico que se expresará de forma teatralizada a los compañeros en una pared o sobre un papelógrafo.

Este reto ejemplifica cómo funciona el pensamiento visual y lo bien que marida con otras metodologías activas (Abp, ludificación, design thinking…) Asimismo, puede servir de ejemplo de un reto colaborativo a través del cual podemos trabajar todas las competencias clave.

Terminadas las exposiciones de las recetas visuales, nos pusimos en marcha con el segundo reto del taller: crear narraciones y procesos visuales a partir de un número reducido de garabatos que representaban los elementos clave del proceso, historia o relato a construir.

Si construimos un relato, tomaremos de referencia cinco categorías básicas: personajes (quién), lugares (dónde), objetos (qué), acciones (cómo) y emociones (por qué). Si se trata de un suceso histórico, las categorías serán similares a las del relato y seguirán como éste una secuencia temporal. Sin embargo, si lo que queremos representar es un proceso natural (físico, químico) o artificial (mecánico, tecnológico), las categorías pueden ser: elementos, acciones, tiempos y dosis/grados/niveles/posición…

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Cada grupo elige un relato, suceso o proceso e enumera los elementos que lo componen. No más de 10 o 12. Cada elemento sería representado a través de un garabato/icono que se pegará en tres caras de cada dado, escribiendo el concepto en cada antípoda del dado. Cada dado tendrá dibujados tres garabatos y sus tres palabras correspondientes en la cara inversa. Los dados se pueden conseguir en una tienda cien o crearlos tú mismo. En mi caso, cogí dados que crearon los alumnos del Ciclo de Madera de mi instituto.

Una vez dibujados los garabatos y palabras en los dados, cada grupo debe construir un mapa visual a partir de los story cubes creados por otro grupo. Solo se les facilita el nombre o intención del relato, historia o proceso a construir y los dados sin ordenar en ninguna secuencia. Debe ser el grupo quien la componga e ilustre en un papel pliego sobre la mesa, rotulador en mano. Recomendación: escribir la lista de palabras y un esquema previo con la secuencia lógica de palabras/garabatos.

Terminado el mapa visual, se comparte oralmente con los compañeros.

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En el contexto del aula, estos retos se realizan a partir de contenidos previos que los alumnos deberán leer, discriminar, seleccionar e ilustrar a través de garabatos que representen los conceptos clave del tema. Estos servirán de base para componer el mapa visual del relato o proceso. Los conceptos clave vienen a ser el vocabulario básico del contenido. La secuenciación visual ayuda a comprender las conexiones lógicas del conjunto. La expresión oral y ludificada de estos mapas visuales, compartidos en el aula al resto de compañeros, es esencial para fijar contenidos, recordarlos y comprenderlos a partir de la construcción creativa de los mismos en entornos de aprendizaje visuales.

A menudo aportamos a nuestros alumnos elementos visuales de los contenidos ya elaborados por libros de textos o enlaces digitales, sin que el alumno descodifique esa información y la cree de forma creativa y colaborativa, comprendiendo la estructura lógica que une a todos los conceptos y los integra en un significado global e interrelacionado.

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Si queréis aprender más sobre pensamiento visual, os remito al proyecto colaborativo Dibújamelas, donde encontraréis numerosas experiencias de aula. Y recuerda, lo más importante es que pierdas el miedo a garabatear, que aprendiendo a desaprender como docente seas capaz de transmitírselo a tus alumnos. ¡Lánzate!

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Jornadas de Educación en Cádiz: conferencia visual y talleres de PV

 

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La presentación está a vuestra disposición en este enlace.

Hace unos días el CEP de Algeciras-La Línea me invitó a unos talleres sobre innovación educativa. La idea era impartir una conferencia sobre cambio educativo y unos talleres de pensamiento visual.

Pensando cómo diseñar la conferencia, tenía claro que un soporte visual claro, conciso y directo podía ser de gran ayuda para focalizar las ideas-fuerza transmitidas durante mi intervención. Asimismo, podía ayudar a reforzar el interés y ampliar el marco de significatividad de mis ideas, y por supuesto servirme de guión. Así que me decanté por apoyarme de una presentación visual (ver imágenes de arriba) en la que cada diapositiva incluyera un dibujo asociado a un tramo-idea, cada uno a su vez acompañado de un reto para mi audiencia, un reto sencillo, gráfico y más emocional que racional, que sugiriera más que sentenciara.

Estos retos se dibujarían-escribirían al final de la conferencia en un panel colectivo que serviría de resumen colaborativo no tanto de mis ideas cuanto de lo que inspiraban a cada cual en función de su experiencia y motivaciones.

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Mantener activo no solo mental sino emocionalmente a mi público, hacerles partícipes y no meros espectadores, era mi objetivo principal. Además de la presentación visual y los retos que después se añadirían al panel colectivo, en los primeros minutos, a través de un globo gigante, escribieron los conceptos que les sugiere la palabra ‘cambio’. Los resultados fueron reveladores; demostraban la misteriosa sinergia que hay entre todos los asistentes y la conexión con la línea emocional que quería imprimir a mis reflexiones.

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No me gusta ser el conferenciante (¡qué nombre más remilgado!) que a mí como espectador no soporto, así que me propuse abordar mi intervención con franqueza y desde lo emocional. En definitiva, hablar de lo que te inquieta e ilusiona y convertir lo que en principio debiera ser un discurso unidireccional en un constante diálogo interior compartido que propiciara un constante feedback de emociones e ideas.

Por otro lado, tampoco quería realizar una presentación de esas que obligan al espectador a enfrentarse a textos tediosos (que por supuesto nadie lee) o diapositivas vistosas estilo Prezi que despistan de lo importante con su virtuosismo. Me decanté por el uso de imágenes dibujadas por mí mismo que operaran a modo de metáforas visuales de la línea argumentativa de mi intervención. Potencian el discurso, lo enriquecen con su polisemia interpretativa y no despistan, van al grano; y todo ello desde la creatividad y el pulso emocional que imprimen las imágenes, facilitando lecturas a gusto de cada cual.

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Siguiendo con la apuesta por lo visual como vehículo de aprendizaje, impartí dos talleres sobre pensamiento visual, cada uno de 90 minutos y cada uno con una propuesta didáctica diferente: en uno elaboramos mapas y narrativas visuales dinámicas y colaborativas, y en el otro diseñamos recetas de cocina visuales (lo que en el proyecto Dibújamelas bautizamos como Visual Cooking). De este reto creativo ya publiqué en este blog (puedes leerla y verla aquí) una experiencia en mi aula de Bachillerato, donde describo el proceso de trabajo.

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Los mapas visuales dinámicos consisten en la elaboración colectiva de rutas de pensamiento o narrativas a partir de un pequeño conjunto de iconos preliminares dibujados en cubos de madera que representan conceptos esenciales de un determinado contenido o elementos de un relato. Esta metodología facilita a los alumnos la discriminación de las ideas principales de un texto o cualquier otro material curricular y su interrelación lógica o narrativa en un conjunto con sentido.

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Se genera primeramente un vocabulario básico del contenido, se eligen los conceptos clave y se dibujan sus iconos en papeles cuadrados, ajustables a los cubos. Estos servirán de base para crear el mapa o narrativa visual, que después se compartirá oralmente con el resto de compañeros. En cada cubo están representadas todas las categorías, una por cada cara. Al situarlos sobre un papel pliego se debe ir construyendo entre todos el mapa o relato  visual que van generando las interrelaciones entre imágenes, asociadas a los contenidos vistos previamente en clase (o los conocimientos previos de los alumnos sobre un tema aún no visto en clase). Entre imagen e imagen se generan conectivas visuales que irán sugiriendo la ruta lógica del mapa. El vocabulario, las categorías y las conectivas serán de una naturaleza acorde con el contexto de aprendizaje (nivel, contenidos, número de alumnos, objetivos, tiempos…)

Los cubos los podéis elaborar de diferentes materiales (papel maché, plastilina, cartón…) o a partir de cubos comerciales (las tiendas 100 son un pozo inagotable de recursos creativos). En mi caso tengo la suerte de que en mi centro hay un ciclo de Madera y los alumnos de FP Básica me los hicieron a medida. Después les dí una mano de aceite de linaza y listos. Los iconos podéis dibujarlos vosotros, si queréis que los alumnos partan de imágenes previas, sin necesidad de discriminarlas a partir de documentos previos. Pero os recomiendo que sean ellos quienes diseñen todo el proceso a mano. Buscar información, leerla, seleccionarla, discriminar conceptos clave, interrelacionarnos, asociar un concepto con una imagen, memorizar datos relevantes… Todas son operaciones que se aprenden mejor bajo el arbitrio del lenguaje visual.

Muchos docentes acaban recurriendo a iconos prediseñados, sacados de internet, no tanto por un criterio didáctico, sino porque interpretan la creación de garabatos como un proceso engorroso y difícil. Esto se debe más a nuestra cultura de trabajo, nuestra mochila de aprendizajes, que a una elección pedagógica. Por eso es necesario que los docentes nos embarquemos a la vez que lo hacen los alumnos en esta aventura de garabatear. Aprender lo que después habremos de enseñar barre los prejuicios didácticos y potencia la creatividad del docente, abriéndole a nuevas posibilidades metodológicas. Y encima nos lo pasamos bien.

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Agradezco a Manuel Galiano, asesor del CEP de Algeciras-La Línea, haber confiado en mí para esta aventura de aprendizaje colectivo. He conocido al equipo excelente que trabaja en este CEP, y encima he podido compartir inquietudes e ilusiones con Manu Sánchez y Mar Serón… Y por la tarde, un paseo por la playa.

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Os animo a lanzaros a desaprender. Un papel, un rotulador y dejar que la mente vuele libre, sin prejuicios ni miedos. Y para lo que queráis, aquí me tenéis.

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Gracias

GRACIAS

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Imágenes en mayor calidad

Al terminar cada curso, si eres justo con el camino andado, la emoción más honesta es el agradecimiento. Ninguna mejor para expresar en su justa medida la causa que alimenta lo aprendido. Porque no tengo dudas respecto a esto, no aprendemos solos, no sin el contagio de decenas de docentes, amigos, buena gente que uno encuentra en el camino y que como un milagro, sin pretenderlo, abren para ti sendas nuevas, te impulsan. Parece un tópico naif, pero quien lo probó lo sabe. Hoy, siempre quizá, es imposible aprender aislado en un cómodo espacio de soledad, aunque la soledad sea a menudo un aliado necesario, que no suficiente, de la creatividad. Aprender se escribe en plural, aunque acabe en la meta de una reluciente autoría.

Por esa razón, estos días he dedicado algunos breves momentos de serenidad para hacer un acto de lo que ahora se llama mindfulness, atención consciente, recreando voces y encuentros a los que poner cara, y que han formado parte de la biografía polifónica de estos últimos nueve meses de curso. Ya sabéis, la memoria es caprichosa, recala donde quiere, no donde debe. Disculpad quienes no estéis en este retrato coral, pero sintáis que lo merecéis; obedece a la torpeza del autor, no a su voluntad. La gratitud nunca se deposita en cántaros suficientemente amplios como para contener a todos a quienes merece.

No encontré mejor manera de expresar esa gratitud que garabateando. Mientras dibujas, piensas, te detienes en las escenas reales que evocan, degustas el momento, reconoces el punctum que alienta tu gratitud. Dibujar no sirve tanto para retener el instante, cuanto para dimensionarlo en su justa emoción, dotarlo de la talla moral que merece. Cada garabato es un tiempo suspendido, contemplando rostros, voces que son por derecho propio protagonistas de mi aprendizaje.

Algunos diréis: ¡pero qué habré podido yo aportar a este hombre! Ese es el misterio de aprender; no siempre recala en el puerto que uno desea, ni en el momento que esperamos. Llega a veces de manera inconsciente; lo sabe quien lo da, lo acepta quien lo recibe.

Gracias. Mercedes. Carmen. Jose Luis. Jose Blas. Jesús. Víctor. Andrés. Manu. Óscar. Mar. María. Jose Antonio. Puerto. Fernando. María Eugenia. Ana. Silvia. Dolores. Rocío. Ana. Clara. Garbiñe. Almudena. Agustín. Sandra. Antonio. Ana. Ricardo. Henar. Lara. Lucía. Luz. Manuel. Dolores. Nitzia. Ernesto. Fernando. Jose Pedro. Diego. Santiago. Pedro …

Visual Cooking: Creatividad en clase de Filosofía

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Presentaciones visuales de los alumnos (pincha sobre la imagen para verlas)

Ya compartí en otra entrada de este blog cómo utilizar el pensamiento visual para ilustrar y explicar de forma creativa, clara y ordenada procesos o flujos de información. En esa entrada hacía mención de un reto llamado Visual Cooking que consiste en la explicación visual del proceso de elaboración de una receta de cocina. Pues bien, mis alumnos de Filosofía de 1º de Bachillerato han realizado este reto para comprender mejor algunos contenidos de estética y creatividad que estamos trabajando en clase.

Os estaréis preguntando: ¿qué tiene que ver la Filosofía con la cocina? Mucho si lo pensáis un poco:

  • Aplicar en un contexto experimental, como indicaba más arriba, contenidos que hemos abordado en el aula, tales como los pasos del proceso creativo y las habilidades que se desarrollan con este competencia. No basta con estudiar la creatividad desde un punto de vista teórico; es necesario practicarla, vivir de primera mano su potencial y dificultades.
  • Crear una receta requiere discriminar, analizar y relacionar elementos para después explicar esa relación a través de un proceso lógico, en este caso los pasos de elaboración de una receta. Este quizá sea la competencia más compleja para mis alumnos. Pese a estar en Bachillerato, les resulta muy difícil explicar flujos de información. El recurso a la mera memorización ahoga su capacidad de análisis.
  • Aprender a trabajar de forma colaborativa con el objetivo final de exponer esa receta al resto de compañeros.
  • Desarrollar su creatividad y resolver problemas en un contexto lúdico.

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 Primer paso: sin darles ninguna información sobre el reto (para mantener el interés y focalizar la atención en esta primera fase), les pedí que dibujaran ingredientes en post-its y los pegaran en la pizarra.

Terminado nuestro supermercado visual, les lancé el reto de crear grupos de tres y elegir una receta de cocina sencilla, con pocos ingredientes y pasos. Una vez elegida, debían hacer un recuento de lo que necesitarían para crear la receta, es decir, ingredientes (con sus dosis o cantidades) y utensilios.

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 El siguiente paso era crear visualmente ingredientes y utensilios. Buena parte de los ingredientes ya estaban en el supermercado que crearon. Se levantaron y seleccionaron los ingredientes necesarios para crear su receta. Si algunos ingredientes no estaban en el supermercado los dibujaban en otros post-its. Los utensilios debían dibujarlos y recortarlos a tamaño natural en folios A3.

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Una vez creados los elementos necesarios para crear la receta, en un folio debían rellenar una tabla que describieran todos los pasos a seguir durante la elaboración de la receta, detallando INGREDIENTES, UTENSILIOS, DOSIS (unidades y cantidades), ACCIONES (cortar, cocer…) y TIEMPOS (duración de cada acción). Esta planificación les permite determinar con precisión y de forma secuenciada cada parte del proceso y los elementos que necesitarán en cada una.

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 Ahora toca ver qué elementos del proceso no han ilustrado aún y cómo lo harán. Por ejemplo, ¿de qué forma mostrarán acciones como cocer o freír?, ¿o cómo explicarán de forma gráfica las dosis? Una vez creados esos elementos, los pondrán sobre la mesa y con la plantilla delante realizarán una simulación de cómo expondrán el proceso ante los compañeros. Esta parte es la más complicada porque requiere exponer acciones complejas de tal forma que sean comprensibles para quien te ve y escucha, además de coordinarte con el resto de compañeros sobre qué hace cada uno y cuándo hacerlo.

En las fotos que hay más abajo podéis comprobar los elementos creados visualmente por los alumnos para ilustrar el proceso de creación de sus recetas.

Una vez ensayados minuciosamente los pasos, toca exponer. Cada grupo lo hace frente a la pizarra, intentando no tapar los elementos que vaya pegando sobre ella. Se habilita una mesa sobre la que pondrán todos los elementos ordenados según el orden de aparición. No dicen el nombre de la receta. El resto de alumnos deben adivinarla. Solo después dirán el nombre, pero con un título creativo inventado por ellos (por ejemplo, croquetas a la Ana Rosa). Durante su exposición irán disfrazados de cocineros para meterse en el personaje y reforzar el sentido dramático de la exposición.

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Les grabo mientras explican la receta. (Podéis ver los vídeos pinchando sobre la primera imagen de este post o aquí.) Les paso después el enlace a los vídeos para que se vean y evalúen cómo lo han hecho. Les facilito una plantilla de evaluación del proceso de trabajo:

  • Breve explicación de los pasos del proceso. ¿Qué han hecho en cada paso? ¿Quiénes y cómo lo han hecho?
  • Problemas surgidos durante la elaboración de la receta y cómo los solucionaron en el grupo.
  • Discriminación de las fases del proceso creativo (visto una semana antes en clase) en el propio proceso de creación de la receta.
  • ¿Qué mantendrían? ¿Qué eliminarían? ¿Qué mejorarían?

No solo esto, les pido que realicen cada uno por separado un mapa visual (ya han practicado a lo largo del curso) que ilustre las fases del proceso creativo de elaboración de su receta. Viene a ser un feedback que permite volver sobre los pasos andados durante el reto e incorporarlo en su evaluación. Aunque comparto algunos mapas visuales más abajo, podéis verlos todos aquí.

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Esta misma metodología se puede aplicar a contextos y contenidos de cualquier tipo. Lo importante es la adquisición de determinadas competencias de análisis, síntesis, comunicación, coordinación grupal y creatividad. Competencias en las que el área de Filosofía puede aportar mucho dentro del currículo de 1º de Bachillerato y en el que la creación de procesos visuales puede ser una excelente aliada. Lo recomiendo en cualquier otro área y nivel.

Elaborando notas visuales (sketchnotes): ¿Te animas?

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Notas visuales del libro de Massimo Recalcati, La hora de la clase

El que más y el que menos ha practicado el entretenido ejercicio de garabatear en una reunión o en una charla para dejar constancia de las ideas principales o recordar frases reveladoras, citas o sugerencias que le sirvan de inspiración.  Sin embargo, casi siempre se reducen a textos breves a modo de resumen y flechas, recuadros, listados… No nos atrevemos a dibujar, a lo sumo un garabato sencillo del que al instante nos avergonzamos por infantil o deshilvanado, o líneas geométricas que nos ayudan a soportar una charla o reunión tediosa.

A menudo creemos que esto se debe a que no tenemos capacidad para dibujar, que para hacer garabatos que expresen lo que queremos decir o estamos pensando se necesitan unas habilidades de las que solo algunos privilegiados están dotados. Nos da vergüenza, miramos a un lado y a otro de la reunión, no sea que alguien lo vea y nos juzgue; o justificamos nuestro miedo con excusas como yo no sé, para esto hay que saber, es cosa de niños… Sin embargo, os lo aseguro, se reduce a ganas de disfrutar y aprender, y a entrenamiento. Quien lo probó, lo sabe.

Nadie nace sabiendo, y todo inicio requiere de valentía, voluntad y una buena dosis de ilusión. El intento tiene su recompensa. Te animo a lanzarte.

Los beneficios son evidentes, ¿no crees?:

  • Te ayuda a estar atento, a concentrarte, a focalizar ideas o argumentos.
  • Te entrena en la capacidad de sintetizar ideas, de reducirlas al chasis de lo comprensible.
  • Aprendes a relacionar ideas, a ligarlas a través de nexos lógicos, cronológicos, narrativos, argumentativos…
  • Te ayuda a obtener una compresión global de los contenidos, a verlos como un todo a través del guión visual que has elaborado.
  • Y algo no menos importante, activa tu creatividad y te lo pasas genial mientras garabateas.

Te recomiendo que no agotes todos los cartuchos en tus primeros intentos. Tómatelo con calma, disfruta; eso es lo más importante. No te juzgues, piensa que estás aprendiendo y en cada intento más y más, como si aprendieras por primera vez a bailar, cantar, montar en bici… Tus primeras notas visuales no tienen porqué estar llenas de garabatos. Lo más probable es que a lo sumo dibujes un puñado de ellos, mezclados con frases cortas, flechas y recuadros. Y a medida que le vayas cogiendo el truco, tus notas irán conteniendo más y más garabatos. Lo que al principio era solo un conjunto de frases verás cómo se convierte poco a poco en anotaciones cada vez más visuales.

Si quieres realizar notas visuales de un evento en directo (una charla, una reunión), elige las ideas más importantes; céntrate en lo esencial; cuantas menos mejor, menos es más. Dos o tres garabatos pueden bastar, garabatos sencillos que nada más verlos se entienda la idea que quieres transmitir.

Folios o libreta (1), tú eliges, aunque te recomiendo una libreta porque así vas viendo tus avances y te vas dando cuenta de que es cuestión de práctica. Lápiz (si quieres hacer un boceto y después en casa rotularlo a tu gusto) o rotuladores (2). O las dos cosas; yo a veces primero boceteo en lápiz y sobre la marcha voy rotulando, añadiendo más elementos. ¿No sabes dibujar algún elemento? Te recomiendo tirar de San Google; buscas, por ejemplo, “oveja dibujo” y listo. A las tres ovejas que dibujes, ya no necesitarás tirar de buscador. No copies o calques dibujos, acostúmbrate a garabatear a tu estilo; cada uno tiene el suyo propio y lo va encontrando con la práctica. Recuerda: el error es bello, te estimula a seguir aprendiendo.

También puedes hacer notas visuales de lecturas. Más arriba puedes ver un ejemplo de las notas visuales que he elaborado del libro de Massimo Recalcati, La hora de la clase. En cinco folios he resumido el libro entero. Mientras lo iba leyendo, iba anotando en unas cuartillas a modo de borrador ideas sueltas, incluso algún garabato que se me ocurría. No realizaba las notas visuales mientras leía; sería engorroso y no disfrutarías de la lectura. Cuando llevaba unas decenas de páginas o dos o tres capítulos, en ratos libres empezaba las notas visuales en folios aparte. Después seguía leyendo. Las notas visuales me iban sirviendo para madurar las tesis del libro y reflexionar sobre ellas, relacionándolas con mi experiencia como docente. Al final del proceso, tienes una visión global del libro y una mejor comprensión de sus ideas más reveladoras.

Me gusta elaborar las notas visuales (sketchnotes) como si se tratase de una narración, algo parecido a un storyboard, donde diferentes personajes cuentan historias paralelas que tienen un hilo conductor. No concibo las notas visuales como un mero resumen de la lectura, sino más bien como un diálogo entre el autor y el lector. Así, incorporo también garabatos que representan aquello que me evoca la lectura. Debes encontrar tu estilo propio, ve probando formatos, adáptalos al contenido o tipo de lectura (estilo cómic con cuadrículas, flechas y globos estilo mapa conceptual, narración visual con personajes, líneas de tiempo…)

Puedes empezar con un artículo de prensa, el fragmento de una novela, el resumen de su trama, un poema… con eso basta para abrir boca. También puedes leer un libro, anotar algunas ideas mientras lo lees y después de terminarlo hacer un solo mapa visual de tu lectura, a modo de resumen o reflexión.

¿Cómo escanear tus notas visuales? Aparte de en papel, quizá te interese tenerlas en formato digital y así poder compartirlas entre tus redes o insertarlas en tus blogs. Una opción rápida es escanearla desde tu móvil, a través de apps como Notebloc o Camscanner; haces una foto desde ellas, eliges los parámetros y listo. Otra opción, más versátil y profesional, hacerlo desde tu escáner de sobremesa, el que incluye tu impresora. Casi todas las impresoras sencillas de menos de un año incluyen escáneres que permiten hacer copias de mucha calidad. Escanear, configurar brillo y contraste y ya tienes listo tu mapa visual para compartir. Es recomendable que el fondo quede blanco y el contenido resaltado, pero tampoco te agobies con esto al principio. Lo importante es disfrutar de tus notas visuales, descubrir cómo poco a poco te van abriendo una forma eficaz y estimulante de expresar, comprender y organizar contenidos.

Si tienes una tablet, quizá te animes a realizar tus notas visuales a través de una app de dibujo, pero te recomiendo que empieces a crearlas con papel y rotulador. La opción digital excluye el precio del error, ya que puedes corregir sin problemas. Aprender a interpretar el error como un estímulo se consigue mejor a través del contacto directo con el papel, trazando tus notas a pelo, con rotulador, viendo tus dibujos en vivo, tocándolos. El mapa visual digital acostumbra al cerebro a reducir el error, a acomodarse a la corrección, y esto no facilita el aprendizaje. Sin embargo, una vez que te vayas adaptando a esta nueva metodología, complementar tus notas con retoques digitales puede ser un aliado excelente. Dependerá de la función que le vayas a dar a tus mapas visuales. Te recomiendo una libreta (sketchbook) desde la que vayas viendo tu evolución, el estilo que vas consiguiendo; la disfrutarás y apreciarás que merece la pena lanzarse.

A medida que te vayas sintiendo más cómodo/a con tus notas visuales, irás descubriendo el potencial educativo que posee esta metodología. Nuestros alumnos no son diferentes a nosotros; se han educado en métodos de comprensión lectora que se reducen a subrayar y resumir a través de textos infumables. Descubrir los beneficios de los mapas visuales como método de estudio te abre un nuevo mundo lleno de posibilidades. Pero es necesario que primero lo pruebes tú, como docente o formador. Si te limitas a recomendárselo a los alumnos sin ayudarles en el proceso, pronto se cansarán y volverán al método tradicional. Es necesario recorrer el camino con ellos.

 


(1) Recuerda que la tinta puede traspasar, así que en las libretas quizá debas prescindir de la página siguiente, a no ser que utilices papel más grueso de lo acostumbrado, de 90 gramos mínimo. Te recomiendo papel liso, sin rugosidad; evita que se corra la tinta.

(2) A mí me gustan los de marca Micron (son precisos y secan enseguida), pero también he probado los de Staedtler y Uni; 0,2 para trazo fino, 0,4 y 0,8 para más grueso. Para colorear puedes utilizar Edding 1200 de toda la vida u otras marcas. Los rotuladores de base de agua son los que se utilizan en la escuela, con colores básicos, que no permiten mezcla. Con ésos basta.

VII Foncei: Volviendo a Nunca Jamás

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Mapa Visual de mi taller.

El pasado 28 de enero Cervantes Escuela Internacional me invitó para participar en unas jornadas con el sugerente título Volviendo a Nunca Jamás. Decenas de docentes de ELE (español para extranjeros) se juntaron para aprender juntos y contagiarse de ideas creativas para aplicar en el aula.

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Cartel promocional de mi taller.

Iniciamos estas jornadas creativas convencidos de que el aprendizaje de una lengua no puede conseguirse si nos limitamos a metodologías basadas exclusivamente en pruebas cerradas y explicaciones sesudas del profesor; con la convicción de que la creación de entornos de enseñanza gamificados y colaborativos, motivados por un vínculo emocional, facilitan el aprendizaje, aprendiendo desde la acción.

Mi ponencia fue más bien un taller motivaciones. Busqué que los docentes perdieran el miedo a garabatear y se iniciaran en el uso del pensamiento visual. Para perder el respeto a una capacidad adormecida como dibujar es necesario reestablecer el vínculo emocional que nos ligó durante la infancia con el disfrute por garabatear. Continue reading “VII Foncei: Volviendo a Nunca Jamás”