Teoría de la creatividad: notas visuales

Hace ya tiempo comencé las notas visuales del libro Teoría de la creatividad, de Jorge Wagensberg. Os lo recomiendo. Son de esos libros que valen no solo por lo que dicen, sino por lo que sugieren. Libros que avivan la curiosidad por aprender.

Comparto con vosotros las sketchnotes de las primeras páginas. Cuando tenga tiempo, comparto más.

Observo con benevolencia cómo va cambiando mi forma de garabatear, pero detecto en mis dibujos un estilo que reconozco como mío, una marca de la casa. Aunque muchas destrezas hayan mejorado con el tiempo, a base de práctica, varios rasgos persisten:

  • uso de narrativas y dibujos influidos por las viñetas periodísticas y el cómic (bocadillos, diálogos, personajes…);
  • ruptura de la secuencia lineal tradicional dentro del escenario;
  • voluntad de síntesis en las ideas;
  • presencia de un humor blanco que dulcifique la gravedad de los temas.

Oca Steam: retratos inclusivos

Hace unos meses se puso en contacto conmigo Bernat Llopis, que además de profe de FP, es CEO de bylinedu.es, responsable @CoderDojoVLC, miembro de @ciberespiral y consultor de @Scooltic, para proponerme un reto: ilustrar 38 científicas y científicos. Como ya sabéis, cuando el reto lo merece, no le hago ascos a una invitación creativa. Así que dije sí sin apenas saber mucho sobre el proyecto.

El proyecto colaborativo se llama Oca STEM. La idea es crear una oca en la que las casillas estén ilustradas cada una con el retrato de una científica o un científico relevante de la historia de las ciencias, la tecnología, las ingenierías o las matemáticas. Una oca gigante sobre la que se moverá un robot al tirar los dados y que al caer sobre una casilla te mostrará información en realidad aumentada del personaje correspondiente. Como veis, un proyecto que requiere la imaginación, talento y conocimientos de diferentes personas, cada una hábil en diferentes campos, y que tiene como objetivo final jugar y aprender.

💭 El proyecto tiene licencia CC, no comercial, para que cualquiera pueda usar o modificar los materiales para uso educativo. Así que si os animáis, aquí tenéis mi material gráfico; lo podéis utilizar para crear vosotros vuestros propios recursos educativos. Haced crecer el proyecto con vuestras contribuciones e implicad a vuestros alumnos.

💡 Los retratos que he creado también pueden utilizarse para, por ejemplo, crear cartas. Podéis añadir detrás de cada carta Qrs que enlacen con vídeos en los que los alumnos hablen del científico/a en cuestión; o crear fichas didácticas, etiquetas temáticas para crear juegos diferentes, dados con los retratos, líneas de tiempo donde insertar los retratos, previa búsqueda de información…

💡 También crear camisetas, chapas… con personajes que les guste a los alumnos.

Os animo a que vuestros alumnos creen más retratos y a que contéis la experiencia en redes con el hashtag #ocaStem.

Podéis descargar todas las ilustraciones en alta calidad aquí. Si las compartís en redes o las usáis para vuestras clases, con citar al autor vale. Y por supuesto, compartidlo y avisadme; así también yo aprendo de vosotros.

He creado también un cartel en alta calidad con todas las mujeres STEM que he dibujado. En breve subiré otro con todos los personajes. Podéis descargarlo y llevarlo a imprimir para ponerlo en vuestra aula. Todo vuestro. Eso sí, compartidlo conmigo en redes.

Igualmente os animo a compartir el excelente trabajo que están desarrollando el resto del equipo Oca STEM, animando y dando voz a los personajes, así como configurando los robots para que el juego cobre vida. Además de Bernat Llopis, el equipo está compuesto por Loli Iborra, Conchi Fernández, Fran Orosia, Javier Campos y Chelo Pons.

6 pruebas de animación de personajes

💭 Te animo a hacer que este proyecto crezca con tus contribuciones y que impliques a tus alumnos en él. ¿Te animas?

Estas son las ilustraciones para las casillas especiales: inicio, muerte, puente, dados y oca (el autómata de Vaucanson).

Y de postre, una ilustración que recrea el pato de Jacques de Vaucanson, padre de la robótica, fabricante de autómatas allá por el siglo XVIII. Creó un pato con su sistema digestivo artificial, que le permitía ingerir granos, digerirlos y excretarlos. No se conserva ningún prototipo. Si alguien se anima 🦆. Todas las ilustraciones están en alta calidad en el enlace de descarga.

Planificación visual

Ya compartí hace tiempo aquí, en este blog, un mini taller que realicé con mis alumnos de Bachillerato de Filosofía para aprender la importancia del método, no solo relevante en ciencia sino también en la vida cotidiana. En ese enlace podéis ver el proceso de trabajo y aplicarlo a vuestros objetivos y contexto. Es un reto que puede aplicarse a cualquier contenido de aula, para enseñar habilidades y destrezas en una tutoría o aprender a realizar un proyecto. No solo para enseñar a planificarse, también para hacerlo dentro de un contenido concreto o proyecto en nuestra área.

Observar, discriminar, enumerar, clasificar, planificar un proceso por pasos, enumerar materiales y determinar sus funciones en cada paso, revisar los pasos del proceso, atender a los detalles, evaluar fallos… Y, como aprendimos en un entorno colaborativo, a estas destrezas añadimos otras: organización de equipos, reparto de roles, aplicación de roles dentro del contexto de uso, coordinación del proceso, evaluación del mismo, expresión escrita, oral y no verbal, comunicación creativa, gestión de tiempos, materiales y espacios…

Utilicé para ello la metáfora recurrente de la receta de cocina. Es un tema del que buena parte de loa clase tiene conocimientos previos, pertenece a un contexto cotidiano, conocido, con elementos reconocibles, fácilmente prototipicables. Objetivo: crear en grupos pequeños una receta de cocina.

El diseño previa de este taller de cocina sirve también al docente para saber planificar un reto colaborativo, siguiendo unos pasos secuenciados, planificando todos los detalles del proceso: tiempos, espacios, agrupamientos, materiales, comunicación al grupo de alumnos, evaluación, solución de conflictos… Es recomendable que el propio docente elabore un mapa visual con la secuencia de trabajo. ¿Te animas? Si lo haces, comparte.

1º. Crear entre todos un supermercado visual. Pegamos en cada post-it un ingrediente dibujado (sin texto) y lo pegamos en una pared o pizarra. Se puede, según sea el objetivo, clasificar después los ingredientes en saludables o no, por calorías… Cada docente puede modular las tareas del reto.

2º. Crear grupos de 3 o 4 personas cada uno. Más no porque los roles son pocos y es necesario que todos participen.

3º. Pensar en una receta y coger del supermercado visual los ingredientes necesarios.

4º. Rellenar entre todos la ficha (ver más abajo) de pasos para crear la receta. Esta ficha debe contener categorías sencillas y necesarias para combinar los items del proceso. En este caso, acciones (cocer, cortar…), ingredientes (extraídos del supermercado visual o dibujados después si no están), dosis (piezas, gramos, kilos…), utensilios (cuchillo, cacerola, horno…) y tiempos (de cocción…) La ficha se puede rellenar en texto o dibujando.

5º. Pronosticar en cartulinas los elementos de la receta: utensilios, tiempos e ingredientes (aunque éstos pueden ser los mismos post-its que cogieron del supermercado). Se dibujan y recortan en tamaño más o menos real.

6º. Se ensaña antes el proceso. Cada miembro del grupo colabora en la explicación del mismo. Se ordenan los elementos por orden y se dramatiza la comunicación del proceso. Nos disfrazamos de cocineros. Le ponemos un nombre creativo a nuestra receta.

7º. Salimos a escena y teatralizamos nuestra receta, paso a paso. Sería útil darle a algunos de los espectadores la ficha en blanco para ir siguiendo y escribiendo el proceso y al terminar la exposición que explique los pasos seguidos por los alumnos. Todos deben adivinar la receta. Se pueden hacer preguntas: ingredientes usados, para qué sirvió un utensilio, qué faltó en el proceso, de qué no me he enterado, cómo lo haría yo… Hacer feedback de lo aprendido y descubrirlo entre todos es esencial. Si encima después os atrevéis a hacer en vivo la receta real, pues doblemente genial. Al final comemos todos de todo.

He elegido la metáfora de la receta, pero podéis integrar estos objetivos dentro de otro contexto de aprendizaje. Por ejemplo, en Tecnología mediante una planificación que implique crear un objeto, o descubrir en Biología un proceso natural. Igualmente, en Humanidades (Literatura, Historia…) se puede aplicar a la construcción de storytellings.

Tanto el docente como sus alumnos aprenden a planificar, crear y compartir. ¿Te atreves? Cuenta, cuenta.

Puedes acceder a los mapas visuales y la ficha aquí.

Mujeres filósofas

En marzo de 2019, organicé junto a Víctor Bermúdez la I Jornada de Didáctica de la Filosofía. La primera que se organiza en Extremadura, gracias a la ayuda inestimable de Diego Guerrero, del CPR de Mérida, que siempre confía en nosotros.

Para la ocasión, dibujé retratos de algunas filósofas, que se utilizarían durante la jornada para diferenciar salas y espacios de trabajo. La idea no es solo estética, sino sobre todo ética: poner en valor -visibilizar es una bala de fogueo- la presencia de la mujer dentro de una disciplina con excesiva testosterona.

También elaboré un cartel para promocionar el evento y que sirvió de credencial durante el encuentro.

Tenéis a vuestra disposición el material gráfico en este enlace, por si os sirve.

Verano en #ModoCreativo (3): el cancel

El cancel* de las iglesias -la parte interior de la puerta de acceso, ese armazón de madera que protege de la luz, el viento y el ruido- es a menudo observado como un elemento prosaico, funcional, sin interés, pero es quizá el espacio más importante, el maestro de ceremonias que allana el camino, el hall donde alma y cuerpo se preparan.

El cancel ejerce de cicerone, impide entrar directamente en el espacio sagrado, nos lleva lentamente a la sombra y quietud de la iglesia desde la luz profana que inunda el exterior. Es un espacio preparatorio, como una oración de entrenamiento, antes de habitar esa estancia que invita a la serenidad y el contacto con uno mismo. El ritual sagrado requiere su tiempo, sus momentos; la revelación es enemiga de las prisas, requiere que el alma acomode mente y cuerpo. Ese es el propósito del cancel, aliviar el cuerpo de la luz ruidosa que aturde la mente e ir liberando al alma de los pensamientos del exterior. A su vez, el cancel es un espacio pedagógico, os avisa de que no penetramos un lugar profano, de que hemos de entrar serenos y preparados, callando, pero entregando nuestra voz interior al misterio. Así lo expresa San Juan de la Cruz:

A veces me gusta quedarme un rato dentro del cancel, observarlo girando la cabeza hacia el exterior, apreciando cómo la luz inunda el minúsculo espacio, impactando sobre la madera agrietada, viendo cómo la luz se ahoga en los laterales, como si te invitara a entrar en la iglesia. Oigo el ruido del exterior y la calma dentro del cancel, preludio de lo que ofrece el interior.

Hace unos meses me invitaron a impartir un taller de pensamiento visual en la Iglesia de Santas Justa y Rufina -santas a las que Velázquez y Goya dedicaron una de sus obras-, en Maluenda, Zaragoza. La luz inunda la entrada de alabastro sí o sí, ya que se encuentra en un promontorio sin otros edificios que le hagan sombra; un arco de medio punto sobre otro apuntado que dota de profundidad a la entrada. Una invitación más a atravesar el cancel.

Por aquellos días el termómetro marcaba en la zona más de 40 grados. La bocanada de luz reverberaba en el perímetro de la entrada y transformaba colores y formas.

El cancel es también el oasis de aquellos que no quieren entrar en la iglesia, pero huyen del calor. Como lagartijas, entran y se encogen en un lateral, disfrutando del beatífico asueto. ¿Quién no ha recurrido alguna vez a este práctico comodín?

*Cancel. Una palabra en desuso, sin uso más bien, pero por la que pasamos cada vez que accedemos a una iglesia. La hacemos nuestra sin saber su nombre. De la misma raíz es ‘cancela’, el pretil del coro en las iglesias; también es una verja, comúnmente de metal, para separar espacios. En Andalucía y Extremadura, no sé si en más lugares, en las casas hace las veces del cancel de las iglesias, una verja que precede a la puerta e impide que entre el calor sofocante, el ruido y la suciedad del exterior.

Verano en #ModoCreativo (2)

Mientras dibujamos no medimos el tiempo

Mientras dibujamos no medimos el tiempo. Solo apreciamos su paso al concluir, al cambiar de afán; y sin duda el tiempo transcurrido y el tiempo sentido son bien distintos. Si alguien desde fuera pudiera grabar el proceso de dibujo y medir los tiempos empleados en cada paso…; los minutos sin marcar el pincel, simplemente observando, el tiempo de vacilación y reflexión inconsciente; el estancamiento, el miedo a no saber ver, la ceguera, la duda, el brote enérgico del color sobre el papel y sus engaños, el descubrimiento, la lucidez, el entusiasmo, y de nuevo el vacío, el silencio, la certeza de ir a ciegas, el asombro sobrevenido, regalado. Si alguien pudiera hacerlo, nos daríamos cuenta de que el tiempo se estiró. Lo que a lo sumo parecía una hora, fueron en realidad dos o tres. Porque al dibujar no viajamos en el tiempo de igual forma que lo hacemos en momentos cotidianos, a los que nos entregamos por obligación o hábito, sin ese disfrute que hace de la concentración una consecuencia, no un deber. Mirar -no confundir con pasar la mirada, un ver inconsciente, rutinario- requiere tiempo, no un tiempo calculado ni dado por perdido; tiempo en el que nos dejamos llevar tras el objeto observado, como si esperáramos a que nos hablara. Como en el arte de la pesca, o cualquier reto que requiera retención del placer -o el placer en la retención de una revelación no asegurada-, suspensión de las certezas, arrullo de promesas.

Quizá por eso el arte, el creado y el observado, son actos subversivos. Trastocan el tiempo profano, los ritmos que instaura con tiranía el deber cotidiano. El tener que se convierte en un y si… La escena de un pintor en pleno acto creativo, o un garabateador urbano (urban sketcher), captando la esencia de un rincón callejero, es inusual y disfuncional -afuncional, para ser exactos-, en unos tiempos -cuál no- en los que las prisas, lo efímero y el encono por conseguir la meta, no gozar del camino, se adueñan de nuestra vida. Dibujar no solo trastoca el tiempo convencional, sino que también nos regala un instante de espontánea gratuidad, una inocua tarea sin rumbo ni beneficio, por el mero acto de vivirla, y más aún, compartirla.

No sé dibujar gatos

No sé dibujar gatos. Cuando mi primo me invitó a dibujar a Harpo, mi primera actitud fue de rechazo, no solo por desconfianza en mi evidente destreza, también porque veía en mi mente la cara de Harpo y el reto se me hacía como recrear Las Meninas. La cara de un gato es poliédrica, esquiva, en constante mutación, no solo de formas, también de color. Harpo es blanco y no lo es, su rostro son muchos rostros, y sus ojos cambian como objetos brillando en un caleidoscopio.

Quizá por eso y por inconsciencia acepté el reto. Es más fácil lanzarse cuando sabes poco; la ignorancia es muy atrevida, afirma el dicho popular. Pero te lleva más lejos. La experiencia a veces puede ser un lastre, convierte la creatividad en rutina, el estilo en artritis creativa. Y no es aplicable solo al proceso de creación, afecta a todo lo que hacemos en la vida.

¿Cómo hacer que unas aguadas de acuarela, apenas con una forma distinguible pasen a ser un gato? Solo sé que el gato acaba apareciendo, no tanto por el escaso ingenio del artista, sino porque el gato ya esta de algún modo ahí, deseando salir. En una frágil voluntad de que emerja, el gato acaba asomando las orejas. Da igual cómo sea el gato -juzgarse a uno mismo a través de lo que dibujas es un insano hábito-; el gato aparece, casi maúlla. No el gato que emulas, no el imaginado en tu cabeza, no un gato ideal, otro gato, el gato que quiso nacer, ajeno a tu pincel. Incluso, si esperas paciente, el gato que hoy es, dentro de un año, al volverlo a contemplar, es otro gato.

Mientras estás en faena no lo piensas. Lo decía el maestro Van Gogh: mientras pinto, no pienso. Solo siento. Y es cierto. Quizá por eso existe una extensa tradición que coloca a las artes fuera del ejercicio del intelecto. Es injusto, porque pintar es un acto de observación minuciosa, de concentración, de cálculo intuitivo, solo que el proceso de creación no se registra, se revela en cada trazo, aparece a posteriori. Dice John Berger en su obra “Sobre el dibujo”: “El arte no sirve para explicar lo misterioso. Lo que hace el arte es facilitar que nos demos cuenta de ello. el arte descubre lo misterioso. Y cuando se percibe y se descubre, se hace todavía más misterioso.” Cuando Van Gogh afirma que no piensa se refiere a la lógica deductiva, pautada, premisa en mano, sin renglones torcidos, frente a un acto de entrega a la vida que aparece ante ti, sin instrucciones. El artista no puede dibujar si primero no hace el gesto honesto de entregarse a lo que aparece ante sí, sin redes, a expensas de aquello que quiera regalarle.

Dibujar no es solo un ejercicio estético, también lo es ético. Si se hace con honestidad es inevitable que te acabe interpelando y mute tu piel, cambie la percepción del tiempo y, sobre todo, la forma de mirar. Le sucede al pintor consagrado y el adulto que garabatea, a todos. Y si no le sucede, triste afán que de ufana voluntad no brote gozo.

Verano en #ModoCreativo (1)

Hace poco estuve en el XI Curso De Vuelta Con El Cuaderno, celebrado esta vez en Calatayud, y me han picado el gusanillo de usar acuarelas. Mi experiencia en la técnica de los urban sketches -garabatos a tinta y acuarela hilados sobre la marcha y al aire libre, garabateando al vuelo lo que ves- era casi nula. Pero quién dijo miedo. Este verano toca desaprender y disfrutarlo. Así que me he puesto manos a la obra.

Como estuve realizando los graphic recordings de las ponencias del encuentro y yo mismo fui ponente en una de ellas, tuve poca oportunidad de practicar en Calatayud. Pero sí de observar y aprender de otros, que es la mejor manera de empezar. Observar y practicar.

El primer reto fue (y sigue siendo) descubrir que la acuarela (la de pastilla o tubo) es una materia que tiene su propia naturaleza, muy diferente al rotulador, incluso el rotulador al agua o acuarelable. La primera lección: practicar mucho, descubriendo cómo se comporta la acuarela al contacto con el agua y con el papel. ¿Cuánta agua aplicar y cómo hacerlo? ¡Probemos!

Estoy acostumbrado a utilizar el pensamiento visual, donde si bien también hay que sintetizar los elementos a garabatear e igualmente se usa el rotulador como material indispensable, el color que se aplica es plano, ya que de lo que se trata es de comunicar ideas, emociones, procesos y/o proyectos a través de garabatos esquemáticos, fáciles de identificar e interrelacionar en el papel, ordenando la información a través de a lo sumo dos o tres colores básicos, figuras icónicas y tamaños y estilos de letra que jerarquicen y estructuren el contenido. No se aplican tonalidades, degradados, sombras. No es necesario expresar profundidad o volumen, y si se hace es de forma esquemática, a modo de boceto, y porque aporta una información esencial dentro del mapa visual.

De ahí que para mí pasar del pensamiento visual (PV) al urban sketching (US) haya supuesto cambiar el chip y desacomodar lo aprendido. Pero no todo era partir de cero. El US, como en el PV, simplifica las formas, va al grano, tomando solo los elementos de la figura que ayuden a identificarla con facilidad. Esto ya lo hacía con el PV. El verdadero aprendizaje está en el uso de la acuarela, un material sensible al cambio, la presión, a la cantidad y densidad del pigmento, a la cantidad de agua que apliques; pero es un material muy agradecido, honesto, con el que se disfruta mucho, ya que ofrece lo que le das -debes aprender a ser sabio usándolo- y está en constante transformación. Si deslizas sobre el papel una capa nueva notas el resultado, por muy leve presión que apliques.

En el encuentro de Calatayud me pasaron un papel precortado y plegado en zig zag, especial para acuarela. Existen dos tipos de papel para este tipo de técnica, el rugoso y el fino. El fino va mejor para el urban sketching. El rugoso, para trabajos más artísticos, con más capas. Mínimo de 140 g, y si das muchos pases de agua y no quieres que se te combe el papel, mejor de 200 o más gramos. Por ahora estoy practicando en este papel en zig zag; me encanta. En cualquier tienda de arte -en el Corte Inglés compré un par hace unos días- podéis haceros de planchas de 50×70, cortarlas y después plegarlas en zig zag. También tengo hojas sueltas compradas en la tienda Tiger y de de la marca Van Gogh, que para practicar van bien. Cuando termine con este material me pasaré a los cuadernos cosidos apaisados. Probaré los de Art Creations, de Talens. La Moleskine Art Plus también tiene buena pinta.

Acuarelas. Por ahora estoy probando unas que tengo marca Deckfarben, y también uso algunos colores de un pack comprado en Tiger. Después de enredar con éstas, compraré un estuche de la marca Van Gogh, con buen equilibrio calidad/precio.

Rotuladores y pinceles. Como vengo del universo del pensamiento visual, tengo numerosos rotuladores calibrados, de diferentes colores y diámetros. Me gustan mucho los de la marca Micron; secan rápido y dan un trazo limpio y seguro. También me gustan los Nelly Roll de Sakura en blanco y los Faber Castell de colores tierra, tanto de punta calibrada como pincel. Lápices y carboncillos, en color negro y marrones. Pinceles sintéticos de diferentes puntas.

Combino estos pinceles con pinceles con cargador de agua incorporado. Son muy cómodos; los llevas a cualquier lugar y tienen buen comportamiento. Y no olvides llevar un trapo para limpiar los pinceles, un recipiente para agua, un pulverizador para mojar las acuarelas y una pinza para que no se mueva el papel. Si dibujas en casa o en un lugar amplio, no hay problema; pero para urban sketching hay que buscar una caja de acuarelas pequeña y un bolso no muy grande donde puedas meter lo imprescindible. Yo tiendo a meter más cosas de las que uso porque aún no tengo claro qué materiales necesitaré. Supongo que es algo que se va aprendiendo sobre la marcha.

Los rotuladores calibrados son una opción estupenda para garabatear o sugerir contornos y formas, pero puedes intentar animarte, como he hecho yo, a usar pluma, que te permitirá aplicar diferentes grosores y obtener un trazo más natural y fluido. Tengo una colección de plumillas, pero se me estropeó el mango; compraré uno nuevo y practicaré con él. Pero si vas a garabatear fuera de casa, sin espacio ni tiempo, las plumas Lamy son una opción genial; añades un adaptador de émbolo para cargar la tinta y listo. Tinta que seque rápido: la Noodler’s Ink o la Rohrer & Klingner. Yo acabo de hacerme de la pluma Lamy Safari y la tinta Noodler. A practicar.

Como vais, voy practicando. Algunos dibujos los he hecho solo con acuarela, delimitando formas y contornos a través de degradados, modulando tonalidades. Otros, estilo boceto, con figuras cercanas al cómic, y añadiendo texto, un recurso más afín a lo que realizaba con el pensamiento visual. El reto es probar con diferentes materiales y escenas y a ver qué pasa. En cada garabato se aprende algo nuevo. No desistas si ves que tu dibujo parece torpe o infantil. Se aprende garabateando. Eso sí, disfruta; ese es el único requisito.

Gracias a Miguel Ángel Daniel por sus buenos consejos. Su generosidad y amabilidad no tienen precio.

Las lecciones del dibujo, Calatayud (julio 2019)

El mismo día que comencé mis vacaciones partí hacia tierras aragonesas, más concretamente a Calatayud, invitado por Laura Gracia y su excelente proyecto De vuelta con el cuaderno, para asistir a su XI encuentro de urban sketchers, en esta ocasión con la educación como leimotiv. Como me sucede siempre que asisto a un encuentro, es más lo que me llevo que lo que yo haya podido aportar, más aún en este caso. Mi experiencia en la técnica de los urban sketches -garabatos a tinta y acuarela hilados en vivo, sobre la marcha y al aire libre- era casi nula. Sin embargo, pese a lo que pueda parecer a priori, el pensamiento visual y esta técnica tienen mucho en común:

  • Dibujar no es cosa de expertos o talentosos. Todo el mundo puede hacerlo, es una capacidad innata; pero muchas personas, incluso a corta edad, dejaron de dibujar. Es cuestión de ganas, práctica y disfrute. ¿Te animas?
  • Valorar el error como una oportunidad de aprendizaje. Dibujar sin corregir, aprender de cada experiencia y disfrutar cada momento.
  • Comunicar tu experiencia con otros. No quedarte el mapa visual o el cuaderno para ti. Crear comunidad de aprendizaje, observar y disfrutar de la mirada de otros y aprender de ellos.
  • Menos es más. No se trata de emular a la naturaleza, sino de captar de forma sintética lo que ves y aportar tu propia mirada subjetiva, imperfecta, fugaz. Reducir el trazo a formas sencillas, a modo de boceto.
  • Combinar un dibujo esquemático -no tanto como en el visual thinking, pero con una intención igualmente sintetizadora- con color y texto que enriquezcan la expresividad, la emoción y el contenido que se quiere mostrar.

De vuelta del encuentro, después de aprender observando en vivo a decenas de urban sketchers, he decidido salir de mi zona de confort, desaprender, tomar cuaderno, acuarela y tinta y comenzar a practicar. Me he dado cuenta de que esta técnica marida bien con el pensamiento visual y puede enriquecerlo. Comparto algunos intentos previos. Seguiré practicando. De momento, estoy aprendiendo a saber cómo se comporta la acuarela sobre el papel, más sutil y con más matices y posibilidades que el trazo con rotulador que suelo utilizar en mis notas visuales. Y de paso, recupero el cuaderno, que lo tenía un poco abandonado.

El encuentro tuvo un plantel de lujo, con una trayectoria personal y profesional en diferentes terrenos de las artes plásticas y la educación.

Durante el encuentro, tuve el placer de realizar los graphic recordings de las intervenciones del resto de ponentes en el salón del Aula Cultural San Benito. Fue enriquecedor para todos poner en relación la técnica del cuaderno con el pensamiento visual. Ambos sin duda aprendimos a maridar y enriquecer lo que traíamos en nuestra mochila de aprendizajes previos.

Y como guinda tuve el honor de poder impartir una ponencia-taller de iniciación al pensamiento visual en un lugar mágico, la iglesia de Santas Justa y Rufina, en Maluenda. Entrad aquí y veréis que no exagero. Nos lo pasamos genial. Matías, el hijo de Claudio Patane, no pestañeaba.

Algunos asistentes garabatearon en sus cuadernos mi intervención.

No faltaron los momentos de convivencia, en los que tuve la suerte de conocer a personas estupendas y creativas, como Rosa de Trías, Jose María, Miguel Ángel, Pedro, Clara, Antonio, Rosa, Santiago, Fernando, Claudio, Candela, Neus, Cuca… Me dejo a muchos/as, sin duda.

Mirad el broche de croché en forma de lápiz que nos regaló Carmen Roche. Gracias, Carmen.

Pero no se queda ahí la cosa. Espacio Mudéjar nos invitó a realizar una ruta guiada por varios pueblos cercanos, rastreando el pasado mudéjar de su patrimonio.

Iglesia de Nuestra Señora del Castillo, Aniñón

Iglesia de Santa Tecla, Cervera de la Cañada

Iglesia de San Félix, Torralba de Ribota

Iglesia de la Virgen, Tobed

Unos días en los que me he sentido como en casa. Gracias a Laura, Rosa, Clara y Fernando por pensar en mí para este encuentro, así como a la Escuela de Arte de Zaragoza, al Mesón La Dolores y a Espacio Mudéjar por su acogida. Sin duda, volveré.

Cuadernos expuestos al final del encuentro

#1 Modos de ver, de John Berger: notas visuales

Hace ya tiempo que inicié unas notas visuales mientras leía sin prisas el excelente libro de John Berger, Modos de ver. Decidí leerlo -también contemplarlo; contiene generosas ilustraciones- y releer cada página, intentando sacar de sus reflexiones las mías propias. No he buscado resumir sus ideas, sino que éstas sean una suerte de detonante que inspire mi propia mirada sobre la lectura. Leía una o dos páginas, las volvía a leer. Dejaba reposar las ideas y esbozaba un garabato que poco a poco iba dibujando lo que me decía el texto. No es extraño que solo el primer capítulo me haya llevado unos meses. Lo cogía y lo dejaba. A veces pasaban semanas sin volver a retomar de nuevo el libro. Cada vez que lo hacía era para disfrutar la experiencia, sin contingencias, por puro placer.

Prometo -supongo que no en breve- compartir las notas visuales de los siguientes capítulos. Por cierto, os recomiendo el libro. Imprescindible.

Puedes descargar las notas visuales en alta calidad aquí.

Graphic recording: Congreso de Innovación y Tecnología Educativa

Fotos: F. Javier Pulido

El pasado marzo tuve el placer de realizar los graphic recording de las ponencias del Foro Nativos Digitales del I Congreso de Innovación y Tecnología Educativa, celebradas en el Palacio de Congresos de Badajoz. Una experiencia intensa, gratificante, de la que aprendí mucho y de la que espero haber aportado un poco. Gracias a Francisco López por confiar en mí para este reto.

El graphic recording es una técnica mediante la que se pretende captar y sintetizar en tiempo real ideas y conceptos durante una reunión o evento. No solo requiere estar muy atento a lo que dice el ponente, sino también lograr captar al vuelo la esencia de su discurso y facilitar su comprensión en un entorno gráfico, donde las ideas no tengan sentido solo aisladas, sino también en su relación con el resto, logrando una sensación de unidad de significado al verlas sobre el papel.

Mi idea durante este reto no solo fue realizar los graphic recording, sino también que los compañeros/as docentes tuvieran un primer acercamiento con el pensamiento visual y se animaran a utilizarlo, sin tener la sensación de ser algo difícil, que no requiriera algo más que práctica y ganas de disfrutar de la experiencia.

Escuchar, captar la idea y garabatearla, sin corrección alguna, sin miedo al error. Al terminar una ponencia solo había tiempo para colocar el siguiente papel y a seguir garabateando la siguiente. Te obliga a centrar tu atención en la voz del ponente, escucharle activamente, intentando plasmar la esencia de sus ideas, pero también aportando tu mirada subjetiva sobre la experiencia. No puede haber dos graphic recording iguales. El momento es irrepetible. Si volvieras a garabatear la misma ponencia días después, el resultado sería parecido, pero diferente, con nuevos matices que quizá antes no captaste. Cada experiencia es única.

Pero lo mágico del graphic recording -o de las notas visuales (sketchnotes) que tomes durante una ponencia, en tu butaca- es que si las ves meses después, sigues recordando las ideas del ponente con más nitidez y en toda su complejidad que si te limitaras a escribir unas frases. Prueba y verás. Ve desprendiéndote poco a poco en tus apuntes del texto y atrévete a combinar palabra e imagen. El resultado es sorprendente.

También elaboré unas notas visuales en mi iPad de la conferencia plenaria. La experiencia en digital es diferente. Puedes tener un cierto margen para la corrección, incluso para borrar y añadir posteriormente otros elementos.

Aunque siempre me pasa, no deja de sorprenderme las reacciones de los docentes. Muchos te felicitan por los graphic recording, pero cuando les animas a que garabateen también ellos en sus cuadernos durante las ponencias, lo ven como algo inalcanzable. Eso es cosa de artistas, yo no podría, confiesan. Pero sin embargo, cuando importo cursos de pensamiento visual a docentes descubren que solo era miedo, vergüenza, olvido de unas capacidades que tenemos dormidas y que cuando despertamos nos hacen disfrutar y aprender. Quien lo probó lo sabe. ¿Te animas?